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A las víctimas del 11-M. Parque de Atocha (Ciudada-Real) |
La penúltima vez que paseé por el Parque de Atocha de Ciudad-Real, lo hice acompañando a mi padre, liberal, con muy mala leche, agnóstico, por no decir “matacuras”, y fumador, hasta que un mal traicionero le hizo ser adicto a escuchar las consignas del ministerio del ramo.
Ello fue hace poco más de un año, cuando en ya su cansancio infinito, accedió a mostrar sus debilidades en un paseo de poco más de veinte minutos: “Yo miro el monumento desde el banco”. “Si me prometes que no te pasa nada, miro el monumento de cerca”. “Está bien”.
Hoy lo he mirado solo, pareciera que a escondidas de las proles y sus madres ajenos al homenaje a dos mil españoles afectados por la desgracia. Y he sentido vergüenza, una infinita vergüenza. Es más importante la champion, que mantendrá entretenidos a sus machos.