Una de las características básicas de una democracia es la libertad de expresión. Cualquier ciudadano, con independencia de los cargos públicos que pueda haber ocupado, tiene derecho a opinar libremente: exactamente el mismo derecho que tienen los demás a no estar de acuerdo y hacerlo constar.
El ex presidente y ciudadano Aznar, haciendo uso de ese inalienable derecho, ha hecho pública su opinión sobre diversos temas referidos a la situación del país. Como no podía ser de otra forma, el secretario de Estado de Cooperación Territorial, Gaspar Zarrías, ha manifestado con más pena que gloria su desacuerdo con lo declarado por Aznar. Todo muy democrático, pero así como hay que respetar la libertad de expresión del prójimo, en absoluto hay que respetar todas las opiniones, para desgracia del iracundo Zarrías.












