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| Juan Fernando López Aguilar, cualquier cosa menos un demócrata. |
Socialistas y comunistas se reúnen hoy para cerrar un pacto de gobierno que afectará a 370 municipios españoles, nada menos. En la mayor parte de esos municipios, la fuerza política más votada es el Partido Popular, que en algún caso se ha quedado a unas docenas de votos de la mayoría absoluta. ¿Son criticables esas coaliciones social-comunistas? En modo alguno, ya que la ley las permite y por lo tanto están en su derecho de buscarlas. Una ley, dicho sea de paso, que pide a gritos su renovación para propiciar la elección directa de los alcaldes o bien la segunda vuelta que decida la mayoría de gobierno. Porque no es lo mismo votar a un alcalde socialdemócrata y buen gestor, que los hay, que a ese mismo alcalde mediatizado por un comunista radical que exige para sí la concejalía de urbanismo y medio ambiente y que, a partir de ahí, establece la parálisis de la economía del pueblo. Ni interesa el urbanismo, que da idea de corrupción, ni los polígonos industriales, que contaminan y se quejan sus socios sandías. Uno de los eslóganes comunistas en un pueblo de la costa mediterránea hablaba en esta reciente campaña de: "¿No te gustaría volver a vivir de la agricultura?". Vamos, ni los de Marinaleda aceptarían un atraso semejante.