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| Francesc Homs. |
Hace tiempo que no escribía nada sobre el nacionalismo catalán y la causa no era la falta de noticias, puesto que en verdad menudean. No, el motivo de mi desinterés fue el aburrimiento que me produce esta gente, dispuesta siempre al uso del lenguaje más desafortunado y despreciativo hacia todo lo español con tal de echar carnaza a su parroquia. Porque a mi juicio este es el tema de fondo: quieren mantener la tensión de los adictos, a través de la soflama, para justificar así unas reivindicaciones sin fin que les permitan conservar el poder y seguir con el proceso de adoctrinamiento.
Artur Mas se cansó de hablarnos de unas líneas rojas que "España" no debía traspasar, sin dar nunca detalles de esas líneas y en el más puro estilo del matonismo, igual que esos fantoches que usan invariablemente unas amenazas que jamás sobrepasan la palabrería. También Pujol, el político más hipócrita que yo recuerde, ha comentado recientemente, después de añadir que le parecen pocas las multas lingüísticas que se han impuesto, que él votaría Sí a la independencia de Cataluña. Y así cada día la monserga nacionalista hasta llevarnos al hastío.


















