domingo, 23 de diciembre de 2018

La sorprendente dimisión de Luis López


Lo leo y todavía no lo creo. Un diputado, el socialista don Luis López, conjugando el verbo dimitir en primera persona singular. Uséase: yo dimito. Y si ya la noticia es espectacular todavía más sorprendente es la razón aducida para justificar tan insólita novedad, pues aduce don Luis “no sentirse útil”, “estar incómodo e, incluso, “lleno de remordimientos”.

No tengo porqué dudar de las razones esgrimidas por López para argumentar su decisión y, siendo así, sólo me queda alegrarme porque este diputado haya dimitido, pero me queda, no obstante, un cierto regusto amargo. Intentaré explicarme. Intuyo que un elevadísimo porcentaje de diputados –añádanse también senadores, alcaldes, concejales y todo lo que ustedes quieran– se sienten muy útiles sin que su utilidad vaya más allá de la que para ellos mismos supone el trincar un buen sueldo todos los meses y entre la inutilidad nunca suficientemente pagada de sí misma y la auto reconocida inutilidad de López prefiero la segunda.

López tal vez no sea un gran técnico, pero ha demostrado que al menos de coherencia, honestidad y responsabilidad va sobrado, cualidades todas ellas harto infrecuentes y que si bien a bote pronto pueden no arreglar nada son, indudablemente, un buen punto de partida para todo. Y con tanto zote como hay suelto yo me quedo con López, que de zote tiene lo justo, ¡qué quieren que les diga!

Autor: Rafael Guerra
Publicado el 31 de marzo de 2012

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