jueves, 20 de diciembre de 2018

La herencia del Caudillo

La reforma laboral de 2012 que el PP acometió, y que inicialmente la izquierda (jueces incluidos) rechazó en tromba, fue un factor determinante para que en los últimos años (2012 y siguientes) se crearan varios millones de puestos de trabajo.

El Caudillo de España, por la Gracia del Altísimo, el que sólo respondía ante Dios y ante la Historia, Primer Gran Benefactor del Imperio Prisaico y poseedor del Gran Dedazo que puso a Janli a la cabeza de los Servicios Informativos de la única televisión de entonces, tuvo a bien dejarnos en herencia dos regalitos: los segundones de la Falange y el derecho protector del productor (así se llamaba a los trabajadores), con la Magistratura del Trabajo como punta de lanza.



De los primeros sabemos casi todo, no en vano, de sus filas se ha venido nutriendo la dirección de la PSOE durante los últimos treinta años de acreditada honradez socialista. Como no recordar aquí a Barrionuevo, preboste del  sindicalismo universitario falangista y luego Ministro del Interior de Felipe González, primero de iure y luego en el exilio interior de la Cárcel de Alcalá. O a los mismísimos Bono, de la Vega, Bermejo y Rubalcaba, chicos de buena crianza, todos ellos cebados por las tetazas del Régimen.

Ahora nos vamos enterando de lo que vale un peine desairar a la segunda, llamada a aplicar el expolio de la propiedad privada de aquel malvado empresario que se atreva a mirar por el pan de sus hijos, poniendo en la calle al pícaro productor que le ha caído en suerte.

Porque eso que pomposamente viene en llamarse Derecho Laboral, último coletazo del totalitarismo fascista, es de todo menos derecho, pues más se asemeja al ropaje leguleyo, con que el estado criminal se adorna, para mantener en paz el abrevadero.

Igual de incontestable es que el mejor terrorista es el terrorista muerto, el mejor Derecho Laboral es el que no existe. Que se dejen de pamplinas y que el contrato laboral descanse donde todos los contratos: el Código Civil, de donde nunca debió de salir, para envenenar las relaciones entre los hombres libres.

Autor. Carlos J. Muñoz
Publicado el 19 de febrero de 2012

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