jueves, 20 de diciembre de 2018

¿La corta o el inteligente?



La disyuntiva no era de fácil resolución, pero finalmente ganó la opción menos mala. Ni para el más tonto del lugar esto debería ser motivo de consuelo; no obstante entre una persona de cortas miras y una persona insidiosa y poseedora de una más que notable inteligencia yo siempre preferiré a la segunda, ¡qué le vamos a hacer!

El corto, en virtud de su propia idiosincrasia, sólo tiene habilidad y capacidad para perpetrar tontería tras tontería. Tonterías de las que, dicho sea de paso, acostumbra a mostrarse sumamente jactancioso pese a que conduzcan inevitablemente al desastre. No puede evitarlo: es corto, como tal actúa y como tal se vanagloria de su cortedad.

El inteligente, sin embargo, tiene a su alcance la posibilidad, por remota que ésta pueda parecer, de poner a trabajar su inteligencia en proyectos de trascendencia. Y aunque sea pérfido y de naturaleza intrigante, cabe la contingencia de que algún día por insospechada convicción, por estrategia, por puro y duro instinto de conservación o por cualquier otra razón se dedique a utilizar su talento en tareas constructivas. Lo dudo, pero podría ser.

El corto nos aboca sí o sí al abismo; el malvado inteligente probablemente también, si bien al menos nos queda cierta esperanza de que no sea así. El corto sólo destruye; el inteligente puede llegar a crear. Por eso, me alegro –alegría meramente retórica, faltaría más– de que la candidatura del inteligente y tramposo señor Rubalcaba haya derrotado a la candidatura de la corta señora Chacón.

Autor: Rafael Guerra
Publicado el 6 de febrero de 2012

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