martes, 27 de noviembre de 2018

Cascos y Asunción, víctimas de la partitocracia


Francisco Álvarez Cascos (ex PP) y Antonio Asunción Hernández (suspendido PSOE) son dos ejemplos claros de la espantosa partitocracia que padecemos en España, donde la falta de democracia interna en los partidos políticos acaba casi siempre por expulsar a candidatos de primera fila que incomodan a las denominadas ‘ejecutivas nacionales’, verdaderos refugios de mediocridades sumisas al amo de la poltrona. Y así nos va, con el PSOE destrozándolo todo mientras debemos de soportar esos caprichos continuados de una gente que no tiene ni puta idea y cuya única dedicación es ver cómo se reparten las subvenciones entre los amigachos cejateros, los sindicatos paniaguados y los grupos próximos al orgullo gay.


No poca gente de primera fila tuvo que verse marginada en los últimos años: Sucedió así con el popular Vidal-Quadras, cuando fue postergado en su mejor momento y se le impidió que volviese a presentarse a la presidencia del PP en Cataluña. La razón es de sobras conocida: una imposición de Pujol a Aznar como cláusula de pacto para respaldarle en su primer gobierno. Otro tanto sucedió con el socialista Josep Borrell, elegido candidato del PSOE por los militantes y desacreditado de inmediato por la vieja guardia a través de las páginas de El País y las emisiones de la Cadena Ser. Ambos dos acabaron por integrar el mega hemiciclo del Parlamento europeo, un verdadero cementerio de elefantes que apenas sirve para nada y demuestra que en Europa también hay mucho que desear.

Pero los casos de Cascos y Asunción son diferentes, puesto que las formaciones políticas a las que han pertenecido (Asunción aún está dentro) han hecho todo lo necesario para echarlos por la puerta del patio. Paco Cascos, al ser un tipo duro, se ha marchado dando un portazo y ahora va contando su versión de la mucha dejadez del PP en Asturias, una ejecutiva que permanece a verlas venir exactamente igual que Rajoy respecto a Zapatero. Asunción, mucho más templado y sin excesivo apego a cualquier tipo de cargo, ha preferido la denuncia continuada de la putada recibida, primero en el juzgado y luego en los medios, donde incluso ha llegado a afirmar que el PSOE utiliza métodos estalinistas.

Asunción y Cascos son personajes de estilos muy distintos y sin embargo poseen una cualidad en común: Han demostrado una gran eficacia en los puestos que han desempeñado. Es decir, son gente que sabe organizarse y rodearse, a su vez, de personas competentes. Y esa cualidad es alarmante para sus respectivas ejecutivas, no ya para las regionales (Valencia y Asturias), sino para Zapatero y Rajoy, dos tipos muy mediocres que se echan a temblar ante la posibilidad de contar con una verdadera oposición interna. 

Por tal motivo (puritito miedo) ni Rajoy ha querido convocar un congreso extraordinario en Asturias, que Cascos hubiese ganado de calle y tal vez más tarde usaría de trampolín para darle caña a Rajoy si hacía de estatua como presidente del Gobierno, a partir de 2012, ni el estrafalario ZP en su momento consintió en aceptarle los avales a Asunción, rechazándole tramposamente más de 200 firmas sin darle ningún tipo de argumentos ni pruebas de la legalidad de ese rechazo. Se supone que bastó un "no eran buenas las firmas".

En resumen: Nos hallamos ante un sistema político en el que no prima la eficacia y la honradez de los que pretenden dedicarse a la vida pública, y que al mismo tiempo impide la posibilidad de que los candidatos sean elegidos por los militantes. Cualquier ejecutiva que resulte elegida sabe que puede dedicarse a sestear hasta el siguiente congreso ordinario, como ha venido sucediendo en Asturias y otras muchas regiones. Y también a escala nacional, por supuesto. Las últimas excepciones fueron en Baleares (PP) y Madrid (PSOE), pero lo normal es el acaparamiento de firmas de compromisarios antes de la convocatoria del congreso, que evite otros candidatos como sucedió con Rajoy en Valencia. Luego, para integrar la cúpula directiva, se dará el posterior dedazo apuntando en dirección a los mediocres, que es una gente que no suele molestar al mediocre en jefe. Tales hechos explican el nivel de los que mandan en ambos partidos mayoritarios, especialmente en el PSOE (ahora en el poder), donde ser un iletrado sumiso puntúa lo suyo. ¡Pobre España!

Autor: Policronio
Publicado el 7 de enero de 2011

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