martes, 28 de agosto de 2018

La naranja mecánica catalana

Hay dos formas de lavarle la conciencia a la gente: 1. A lo bruto y durante unas pocas semanas, como pudo verse en el filme "La Naranja Mecánica" y 2. En plan fino, gota a gota, pero de forma continuada, que es el método de la estalactita puesto en práctica por Pujol, sin que los que ahora mandan en Cataluña lo hayan eliminado, todo lo contrario, el goteo es más intenso y persistente.

Gracias a mi amigo Elentir, que tiene la habilidad (en realidad lo suyo es un don) de encontrar buena parte de esas noticias o imágenes que nos pasan desapercibidas a la mayoría, sean buenas o malas, sean agradables o de lo más lamentable, pero siempre útiles para deducir dónde vive uno y de qué pie cojean los demás, he podido detectar una nueva prueba del porqué los nazis reciben el 90 % de los votos en Cataluña: Los votantes están sometidos al adoctrinamiento más inmoral, por tierra, mar y aire, las 24 horas del día y los 365 días del año. Un adoctrinamiento colectivo y de larguísima duración, quizá parodiado al máximo en el filme la “Naranja mecánica” de Stanley Kubrick, que el socialista Iceta, candorosamente, ha admitido en una cadena de radio que controlan los suyos.


Y claro, no hay ser humano capaz de soportar a pie firme algo así, tan de continuo, sin que acabe marchándose de Cataluña para conservar la integridad moral e incluso la física, como podría ser el caso de Federico Jiménez Losantos y otros firmantes del “Manifiesto de los 2.300”. La alternativa a votar con los pies (algún día se sabrá que esa opción ha sido elegida en Cataluña por mucha más gente que en el País Vasco), es pasar a un estado catatónico respecto a la política o la vida pública: de casa al trabajo y del trabajo a casa, sin mezclarse en nada más e incluso sin llegar a votar en las elecciones, especialmente las autonómicas. Es decir, el exilio interior. Eso sí, no pocos optan por integrarse en el rebaño, dispuestos a nadar a favor de corriente para lograr la bicoca y acaban balando como el primero. Lo que finalmente da ese 90 % de voto nacionalista.

Lo del adoctrinamiento es algo que todos conocíamos desde hace mucho tiempo. Cualquiera que haya vivido en Cataluña durante largos años, como es mi caso, ha podido experimentar no solamente la exaltación del nuevo régimen fascista que Pujol inició incluso antes de la Transición, sino el enorme vacío al que te sometían esos mismos nazis —o sus herederos— que pasaron a ocupar el poder en el 78. Hablo de un vacío civil que inhabilita para la vida pública en Cataluña, puesto que te administran con frecuencia el desprecio más intenso, cuando no el insulto o la agresión, si muestras un mínimo de discrepancia con el régimen nazionalista. De algo así podrían dar fe muchos cargos y militantes del Partido Popular en Cataluña, entre otros. 

Miquel Iceta, portavoz del Partido Socialista de Catalunya, ha venido a confirmar lo que era de dominio público: el adoctrinamiento. Y además lo ha hecho de un modo ingenuo, casi con presunción de que los socialistas solo aspiren a crear catalanistas, no nacionalistas ni independentistas. Estas fueron sus palabras: “Nosotros necesitamos los medios públicos para fabricar catalanistas (¡!). Hay gente que puede pensar que los medios públicos deben radicalizar a los que ya son catalanistas, para convertirlos en nacionalistas o independentistas, y algunos pensamos que eso es un objetivo legítimo (sic) que no compartimos, nosotros quisiéramos que fuese catalanista la gente que no lo es”.

Adviértase que Iceta no pretende “fabricar” ciudadanos libres o demócratas, eficientes o responsables, o cultos y bien preparados… No, él habla de catalanistas, una especie que no se sabe muy bien en qué consiste. 

Ojo, cuando Iceta habla del uso de los medios públicos para crear catalanistas, no se refiere solamente a la prensa, la radio o la televisión controladas por la Generalidad, como esa Catalunya Radio a la que realiza sus declaraciones y que es un paradigma de desprecio diario vertido hacia todo lo español, sino a cualquier medio que el gobierno catalán subvencione o coaccione, que son casi todos, y por lo tanto controle. Es más, Iceta tampoco se refiere exclusivamente a los medios informativos, ni mucho menos, puesto que los medios educativos, desde la guardería hasta el postgrado universitario, son los que en realidad, durante 30 años, han machacado a la población en unas ideas entre catalanistas y separatistas, pero siempre nacionalistas, siempre a favor del régimen pujoliano, aún existente y con gran arraigo, o del nacional-socialismo de ahora.

Y que conste, por duro que parezca, que de semejante nivel de aleccionamiento, detectable si acaso en las dictaduras más férreas y al que algunos directamente lo llamaría amaestrar a la población, no es posible salir sin que medie un baño de sangre. No se trata aquí de una dictadura personal de este o aquel general, y que una vez fallecido todo el mundo confiesa su amor de siempre a la democracia. No, nos las habemos ante lo que algunos historiadores denominan el “dictat” de la Nomenclatura, es decir, el poder asfixiante de unos pocos que se van sucediendo y conservan las mismas ideas opresivas. Así ocurrió durante más de medio siglo en Rusia, hasta que la miseria le hizo ver la realidad a uno de sus pocos dirigentes lúcidos, y así permanece el régimen marxista chino, más espabilado a la hora de enseñarnos la riqueza que va creando y de ocultarnos la enorme desigualdad que también existe en ese tiránico imperio de Oriente.

¿Deberán los catalanes llegar a la miseria soviética de los años 70 y 80 para atreverse a reaccionar? ¿Tendrán sus políticos, por el contrario, que crear la enorme desigualdad existente en China? Sea como sea, puesto que aún es mucho el bienestar que conservan, es difícil que antes de una o dos generaciones los catalanes adviertan de verdad dónde se han metido. 

Autor: Policronio
Publicado el 14 de agosto de 2008

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