lunes, 23 de julio de 2018

La teoría de la conspiración y otra de gambas, o de cómo escuchar la radio, mientras la familia está con la televisión


No sería capaz de precisar quién narices le ha puesto el nombrecito de marras a lo defendido en el ámbito de la opinión pública, reflejo y retroalimentadora de la publicada, al respecto de si Cayetano, Martínez de Irujo, no el otro, salió solo o acompañado de un local de facturación de gordas por anoréxicas. Que digo yo que a eso se dedican en los locales de hacerte tropezar dos veces en la misma piedra o de cambio de parejas. 

Como tampoco sería capaz de precisar a que se dedicaba Doña Letizia, la adelantada a su tiempo, crono Z, en los ratos libres de su escritor particular, que parece que le ha venido la facultad fecundatoria concomitante con el cheque bebé, mediante o no el medio de la semana. Entre nosotros, Letizia y yo, no se encele Sr. Sabina, si se empadrona en Ciudad-Real, aprovechará 600 Euros del ala, a la mayor gloria de la Alcaldesa socialista del PP, y mayor escarnio de los contribuyentes del IBI. Los últimos restos de los Tercios de Flandes se lo agradecerán, que apañan sus maniobras entre la Playa del Vicario y las Tablas de Daimiel, nadantes en la abundancia: “Nada por aquí, nada por allá”. De agua, digo.  

Pero lo que más me conspira, digo me subleva, es lo mona, monísima diez que luce Anne Igartiburu. El corrector no lo reconoce y me tengo que levantar a por el diez minutos, con objeto de no hacer el ridículo ante los amables lectores, visitantes del otro lado del Misissipi, que, por otra parte, serían capaces de intentar desprestigiarme, a cuento de mi ignorancia de la lengua vernácula del primer amigo de los ciclistas Fernández: Hivareche. Con hache. Como Heduvigis, Heudalda, Hemeteria, Helisa y Hesmeralda. Todos ellos escritos con hache, de humo, hausente de los pulmones de los morhitos de Lavhapies, suicidados en compañía de Doña Carmen Martín Gaite, porque a los médicos forhenses y al tocayo masculino de la que cuidaba de los bajos galácticos, se les puso en los vagones “que suicidados, y vale ya”.  

A lo que vamos. Bien saben Dios y sus Ministros, que no soy propenso al halago fácil y desprendido. Pero tratándose de una Igartiburu, paisana de diez o doce mil nekanes cualquieras, lo nuestro se justifica. 

El cabello, de arriba, medio enrevesao, como la teoría bermudiana de no se qué es pero si de donde viene. A media altura, abundancia de células susceptibles de sufrir cáncer de mama, al lado del pentagrama de su costillar. No me pidan que escriba “Para Elisa” en ese cuaderno. Poquito más al mediodía, ombligo enigmático, centro y seña del inicio de unas caderas portentosas en su brevedad, igualdad y fraternidad de hembra dispuesta... a mandarte a hacer puñetas si no bailas el tango como es debido. Fin de la ensoñación, como habrán adivinado.

De modo, que aquí queda dicho. Si quieren disfrutar de la lectura de la Sentencia número 65/2007, dictada por la Sección Segunda de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, a propósito del Sumario 20/2004, instruido por el Juzgado Central de Instrucción Número 6, Rollo de Sala número 5/2005, a 31 de octubre del año de gracia de 2007, acompáñenla de un calendario hot. No desentona para nada. 

Posdata: Camilo José Cela, que en paz descanse, figura de relumbrón del “Sindicato del Crimen”, me o nos entenderá. Va por Vd.

Autor: Carlos J. Muñoz
Publicado el 9 de noviembre de 2007

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