martes, 1 de mayo de 2018

Pinochet: Si de muertos y millones hablamos

Augusto Pinochet Ugarte

Hubo un tiempo en el que me prometí a mí mismo celebrar a lo grande la muerte del dictador Pinochet. Ayer, pasados unos cuantos años de esa promesa, debo confesar que no sentí ni frío ni calor, cero grados de tristeza o de alegría, al enterarme del fallecimiento del general chileno. ¿Qué ha cambiado entretanto que justifique semejante bandazo emotivo ante la desaparición de un déspota? La respuesta es elemental: Un más amplio conocimiento de lo que realmente sucedió en Chile, desde la llegada al poder de Salvador Allende, en 1970, hasta el año 1988, fecha en la que mediante un referéndum Pinochet cesó en la presidencia de la República chilena.
  

Se podrá alegar que mi posición ignora expresamente la maldad de alguien que castigó innecesariamente a los ciudadanos de Chile, y comprendo a quien así lo piense. Pero precisamente porque creo que ese país pudo haber sido sometido a un castigo mucho mayor si la revolución comunista de Allende hubiese triunfado, es por lo que ahora me muestro tibio ante la desaparición de quien logró evitarlo. Los chilenos asesinados que se le atribuyen a Pinochet, muchos de ellos caídos en su condición de pro y contra revolucionarios, aun cuando representan un tremendo drama para cualquier mentalidad sensible con la vida de sus semejantes, en mi opinión son una cifra ingentemente inferior a la de las personas que el régimen comunista podría haber eliminado para que Allende se hubiese perpetuado en el poder.

Y si hablamos de los millones robados por el general al pueblo chileno, algo que tampoco justifico en modo alguno, me da por pensar en esa Cuba de Castro, el cuate de Allende que ha mantenido su mismo estilo y que aparece en lugares de honor de la lista Forbes, que de un modo galopante ha ido empobreciendo la isla, expulsando de ella a más de dos millones de cubanos (que podían haber sido chilenos) y fusilando, encarcelando y torturando a miles de disidentes. A todo esto, Chile se ha convertido en la nación más rica de Sudamérica. Sí, creo que al final será la muerte del tirano Castro la que celebraré a lo grande.

Autor: Policronio
Publicado el 11 de diciembre de 2006

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