lunes, 29 de enero de 2018

Joaquín Beúnza Redin (Memoria histórica para todos)

Joaquín Beúnza Redin, diputado por Navarra en Cortes Constituyentes, en el acto de pronunciar un discurso en Bilbao, año 1932. Fue asesinado en Fuenterrabía, sin ningún tipo de cargo ni juicio previo, el 4 de septiembre de 1936.

Quienes paseen por Pamplona, sobre todo si lo hacen no lejos de la sede del Diario de Navarra, es posible que reparen en el nombre de una calle de mediano tamaño y también de un pasaje que llevan el nombre de Joaquín Beúnza. ¿Quién fue Beúnza para que mereciese nada menos que el honor de darle su nombre a dos vías públicas de la capital navarra? Igual fue un simple lugareño más, emparentado con algún obsequioso concejal de urbanismo o acaso Beúnza se dedicó a practicar en los medios de prensa la noble faceta de  defensor de genocidas, al estilo de Haro Tecglen, con lo que un Gallardón cualquiera y de otros tiempos, dispuestos siempre como están a ponerle una vela al lucero del alba y otra al dios de las bajezas morales, decidió inmortalizarle con unas cuantas placas que adornasen ciertas esquinas de Pamplona.


Digamos, en extracto, que Joaquín Beúnza Redin fue, ante todo, un hombre de honor y un patriota no exento de otras cualidades. Diputado de las Cortes constituyentes de la República, elegido en 1931 como parlamentario por Navarra, Beúnza representó en dichas Cortes el tradicionalismo y los valores morales que la mayoría de la izquierda republicana se propuso barrer de España mediante una Constitución partidista que jamás fue refrendada por el pueblo español. A continuación, en un breve apunte biográfico destinado a nuestra sección de Memoria histórica, se exponen los rasgos atribuidos al diputado Joaquín Beúnza. Rasgos muchos de ellos reconocidos como atributos y por los que, a juicio de quien esto escribe, merece de sobras que en su día se le dedicase una calle:

Abogado y político español, nació en Pamplona el 4 de agosto de 1872 y murió en Fuenterrabía, asesinado por los rojos en el fuerte de Guadalupe, el 4 de septiembre de 1936. Su familia, de condición humilde, no pudo costearle los estudios, por lo que Joaquín, tras obtener todo el bachillerato con sobresalientes y matrículas de honor, consiguió una beca en la Universidad de Salamanca para estudiar gratuitamente la carrera de Leyes, destacando igualmente en dicho centro por su inteligencia y laboriosidad y obteniendo las calificaciones más brillantes.

En Madrid obtuvo el grado de doctor, siendo pensionado para ampliar estudios en París. Ejerció la profesión de abogado en Pamplona, consiguiendo que su bufete fuera uno de los más prestigiosos de la provincia. Se especializó en cuestiones administrativas y de derecho foral, desempeñando diversos cargos en el Colegio de Abogados. Por sentimiento y convicción militó siempre en las filas del carlismo y siendo aún muy joven fue elegido concejal. En el Ayuntamiento fue donde empezó a brillar la firmeza de carácter de su recia personalidad. Terminado su mandato de concejal, fue elegido diputado foral de Navarra, cargo que desempeñó por espacio de ocho años.

En agradecimiento a sus desvelos e inteligente labor, Beúnza fue nombrado hijo predilecto de Navarra. Al advenimiento de la República, el nombre de Joaquín Beúnza surgió con fuerza unánime en Navarra como figura de gran prestigio para llevar al Parlamento la bandera de la tradición y los sentimientos religiosos de tantos y tantos españoles, siendo elegido para las Cortes Constituyentes. Estas hicieron que su personalidad, tan querida en Navarra, fuese admirada en toda España, y en un ambiente donde era una osadía aparecer como derechista, él representó siempre los valores tradicionales que se significaron, además, por la defensa del orden público y las instituciones que debían conservarlo, como la Guardia Civil.

Junto con otros compañeros del Parlamento, Beúnza constituyó el primer baluarte frente a los embates de la revolución que acechaba a España. Fue presidente de la minoría vasconavarra y luchó incansablemente en la Cámara por que no se perdiesen determinadas esencias centenarias de nuestra patria, siendo objeto por tales motivos de multitud de amenazas e insultos de la izquierda. En el Parlamento pronunció discursos notabilísimos, mereciendo citarse especialmente el de oposición a la Constitución republicana y los de defensa de la enseñanza religiosa, de la Compañía de Jesús y de la Guardia Civil. Sus tres grandes amores fueron España, Navarra y el Tradicionalismo.

El último acto público en el que tomó parte fue un mitin celebrado en Barcelona en la primavera de 1936. El Alzamiento le sorprendió en el balneario de Cestona, donde hacía su cura de aguas todos los años. Detenido el 23 de julio de 1936, por orden de tres diputados nacionalistas vascos fue conducido a la cárcel de San Sebastián, donde sufrió vejaciones sin cuento. En los últimos días de agosto se le trasladó al fuerte de Guadalupe, en Fuenterrabía, y el 4 de septiembre de 1936, cuando las boinas rojas de los requetés habían pasado ya de Irún y se acercaban rápidamente a aquella playa guipuzcoana, fue fusilado en los fosos del fuerte, en unión de Honorio Maura (comediógrafo y columnista de ABC) y de otras personas de derecha. 

Los asesinos y los guardias huyeron de la fortaleza y al entrar poco después los requetés recogieron los cadáveres de aquéllos hombres asesinados por el simple hecho de no profesar la misma ideología política. A ninguno de los fusilados se le había acusado del más nimio delito, permanecían en prisión a causa de su negativa a secundar un proceso revolucionario que, semanas atrás, acabó con lo que ya sólo eran simples vestigios de legalidad Republicana. Joaquín Beúnza Redin fue enterrado en el cementerio de Pamplona y el Ayuntamiento dio su nombre a la calle donde naciera uno de sus más ilustres y esclarecidos hijos. Así, pues, quien pasee en alguna ocasión por esa vía pamplonesa y repare en la placa, si ha leído este breve artículo sabrá algo del personaje a quien está dedicada la calle. 

Publicado el 28 de octubre de 2005

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