viernes, 30 de noviembre de 2018

Tú vales mucho, Enric (antes Enrique)


Entre los múltiples personajes que pululan por esas izquierdas de Dios (sin ánimo de ofender) haciéndose llamar periodistas, hay uno que destaca varios cuerpos sobre los demás merced a su exagerado sectarismo y maestría en el uso de la demagogia y la manipulación.

Tal mérito, en absoluto desdeñable dada la dura competencia, corresponde al simpar e inigualable Enric (antes Enrique) Sopena, personaje multidisciplinar que por tierra, mar o aire, desempeñando a la perfección su papel de sumiso lacayo del amo socialista, se ha convertido en constante azote del Partido Popular.

No acostumbro a perder demasiado tiempo sentado frente al televisor, así que no puedo opinar sobre las intervenciones de Enric (antes Enrique) en una especie de moderno circo romano llamado “La Noria”, aunque me cuentan fuentes bien informadas y dignas de todo crédito que Sopena luce muy guapo en pantalla y se desenvuelve con gran soltura atacando a degüello a todo aquello que huela a popular utilizando una pose deliberadamente sentenciosa y doctrinal. No lo dudo.

Poseo sin embargo todos los títulos para enjuiciar la labor de Enric (antes Enrique) como enérgico timonel de ese panfletillo digital llamado (hay que joderse) “El Plural”, ya que un servidor no deja de acudir, salvo causa de fuerza mayor, a su diaria cita con tan distinguido antro virtual de reunión de la progresía patria: en tiempos atribulados siempre se agradece el poder reírse de buena gana.

Tras leer la habitual ración de noticias sobre populares corruptos, ataques a la Iglesia, maldades del fascismo y la extrema derecha, loas al gobierno y las inevitables referencias a Franco, paso a deleitarme con el editorial de Sopena: como decían los geniales Gomaespuma, de lo bueno lo mejor y de lo mejor lo superior.

El editorial de ayer de Enric (antes Enrique) ha sido prácticamente insuperable y debería ser de obligatorio estudio en todas las facultades de periodismo como maravilloso ejemplo de fanatismo e intransigencia en estado puro y de prensa vendida al poder (realmente, sería más acertado hablar de prensa comprada por el poder): tras exigir el cese de “la oleada de insultos, de brutales calumnias, de injurias y de infamias, auspiciadas desde Génova 13 y difundidas mediante la Brunete Mediática” (recórcholis, parece estar Sopena refiriéndose a su propio libelo), concluye Enrique (ahora Enric): “Y es que la política del PP y el periodismo del PP (¿?) en muchas ocasiones son una política y un periodismo de extrema derecha. […] Hay que frenar al facherío. Eso sí, siempre por la vía legal y pacífica (uf, menos mal: ya me veía de vacaciones en una cheka). Y aun sabiendo que, a veces, la Justicia mira la realidad sólo con un ojo. Por lo general, el derecho”.

Pues nada, Sopena: tú a lo tuyo, chavalote. Es de bien nacidos el ser agradecidos y estaría muy requetefeo que mordieses la mano que interesadamente te alimenta, pero deberías saber que en esta vida hay ocasiones en las que uno puede permitirse el lujo de elegir. Sin ir más lejos, puede optar entre la honestidad intelectual, el decoro y la vergüenza o la abyección, la miseria y el servilismo. Tu elección, haciendo uso de ese derecho que intentas escamotear a los demás, está clara, Enrique (ahora Enric). Y ni siendo tremendamente generoso o en un momento de debilidad, puedo concebir que la opción que has escogido sea lícita: miserable y repugnante indudablemente sí, pero lícita jamás. Y puestos a “frenar al facherío”, ¿no sería conveniente, periodista Sopena, que te frenases a ti mismo?

Autor: Rafael Guerra
Publicado el 12 de febrero de 2011

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