martes, 27 de noviembre de 2018

Superpajín no sorprende


Ante unas recientes manifestaciones del alcalde de Valladolid, León de la Riva, se lamenta la simpar ministra Leire Pajín de que el alcalde “no sólo no haya pedido perdón” por las declaraciones hechas contra ella “sino que ha vuelto a las andadas en las últimas horas”. La justificación a tal hecho la encuentra Pajín en que el alcalde “no tiene mucho que ofrecer a los ciudadanos”. Tal vez piense Leire que ella va sobrada: de ilusiones también se vive.

De todas formas, y como no podía ser menos en una persona solidaria, Pajín no está cabreada por lo que a ella atañen dichas declaraciones: “No me lo tomo como algo personal, creo que es una ofensa a las mujeres”. Ahí queda eso.

También se ha felicitado la ministra por los resultados de la Ley contra la Violencia de (un) Género, cuyo resultado entiende “no es de fracaso”, ya que aunque “la ley es muy buena herramienta, no significa que se pueda erradicar una violencia casi milenaria”. Sobre la custodia compartida en supuestos casos de maltrato, ha explicado Leire que “no es quitar la custodia a nadie”, sino que “no se dé mientras acaba el juicio la custodia individual a quien es juzgado”. Bien, Leire, vayamos por partes.

En primer lugar, por habitual ya ha dejado de sorprender ese afán de ciertos personajes en autoerigirse como representantes de colectivos tan amplios como la mitad de la población. La táctica es bastante burda, pero no carece en ocasiones de efectividad: la ofendida demuestra su desprendimiento y la falta de preocupación por sí misma, tan absorta que está pensando en el prójimo. El prójimo valora el altruista gesto y se solidariza con el personaje en cuestión, haciendo propia la ofensa ajena. Se crea así un vínculo de identificación entre la afrentada y las imaginarias injuriadas que dejan el terreno abonado para lo que realmente importa: el linchamiento público del ofensor, el alcalde de Valladolid en este caso. Para que lo entienda Leire: si la ministra lee este artículo y, lógicamente, no le gusta es libre de pensar que el perpetrador del mismo es un canalla. Pero el canalla en cuestión sería el único ofendido: ni lo serían todos los varones, ni todos los gallegos, ni todos los que creen que viendo a Pajín está claro que son escasos los requisitos que se necesitan para ser ministra de Sanidad y Política Social.

Tampoco asombra que vistos los pobres resultados de esta ley de nombre bien estúpido, con 71 mujeres asesinadas este año, considere la ministra que la ley no es un fracaso. Y, ya puestos, podría Leire usar sus supuestos conocimientos históricos y sociológicos para explicar cómo, dónde y por qué ha surgido esa “violencia casi milenaria”. Y de paso que ofreciese estadísticas sobre la violencia contra los varones por parte de sus parejas y las (ineficaces) medidas que (no) tomará este desdichado gobierno para ponerle freno.

También debería pasmar y no lo hace el hecho de que una ministra hable con esa desenvoltura de que ella y sus compinches se pasan por el forro la presunción de inocencia y aquello de que todos somos inocentes mientras no se demuestre lo contrario. El camino hacia la barbarie se cubre en pequeñas etapas, y una de las últimas se alcanza cuando la arbitrariedad, la discriminación y el atropello quedan plasmados sin el menor rubor en un papel y, aunque no cause asombro (y ese es el verdadero problema), esa etapa ya está prácticamente cubierta: que Dios nos coja confesados.

Autor: Rafael Guerra
Publicado el 30 de diciembre de 2010

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Comentarios moderados.