viernes, 27 de abril de 2018

¡Rendición, en mi nombre ni lo sueñes!


Rodríguez, déjame decirte cuatro cosas. Cuatro cosas a título personal, de ciudadano a ciudadano, porque ese cargo que ocupas ahora, al que llegaste de la forma más innoble posible en una democracia, no te lo reconozco más que a título de interino, en espera de que el pueblo ratifique o no tu mandato en las próximas elecciones. Quizá entonces la ciudadanía pueda decidir con algún fundamento, tras haber comprobado cómo te comportas en realidad y lo que han dado de sí esas sonrisas de bobo solemne, tan envueltas en fracasos dentro y fuera de España, o ese talante que se supone debía llevar aparejada la virtud, cuando lo tuyo no ha sido más que demostrarnos que eres un arbitrario al que no le importa fastidiar a muchos para beneficio de unos pocos de tu propia cuerda.


En los momentos de interinidad -debo repetirlo porque quiero que te quede claro que no eres más que un okupa de la Moncloa-, es decir, en las etapas transitorias de los gobiernos en minoría, y el tuyo lo es, se mire como se mire, lo que corresponde es tomar decisiones útiles para el conjunto de los españoles -decisiones que encima te hubiesen aportado algún prestigio adicional-, en lugar de dedicarse a practicar ignominias y atropellos a la legalidad. Muchas de las medidas que ahora estás adoptando no aparecen por ningún lado en tu programa electoral, mientras que bastante de lo programado no se ha cumplido ni da la sensación que vaya a hacerse. De entre las iniciativas que jamás puede abordar un interino, que por si no lo sabes es un tipo con fecha de caducidad en el puesto de trabajo, no debe corresponderle nunca la de rendir a su patria ante una banda de criminales, y tú lo estás haciendo con bastante descaro a pesar de que a tus seguidores les arrojes la carnaza de un "Plan de paz" que no soporta el más ligero análisis.

Es más, si no fueses interino ni gobernaras en minoría, respaldado vergonzosamente por una pandilla de políticos separatistas o antisistema, sino que poseyeras el soporte de una mayoría absoluta de dos tercios de las cámaras parlamentarias, tampoco tendrías derecho a rendir la patria a una caterva de asesinos redomados -y mucho menos a negociar con ellos desde hace años como estás haciendo-&#8212, si esa rendición no hubiese quedado expresada claramente en tu programa electoral, reiterada una y otra vez a los electores. Pero no ha sido así, pedazo de okupa, puesto que lo tuyo ha consistido en engañarnos a todos y en primer lugar a tus propios votantes. Unos votantes socialistas que, dicho sea de paso, tienen de lo más fácil el engaño a partir de esa ideología catatónica que practican, la cual les impide desbrozar el mar de cizaña que encierra el socialismo al zapateresco modo. 

Incluso, si dispusieras de una mayoría suficiente como para cambiar la propia Constitución a tu antojo, y en el artículo primero te diera por destacar la necesidad de rendirse ante la mafia de terroristas vascos, no podrías hacer algo así, ni el pueblo lo ratificaría jamás, si antes no se advirtiese en esa banda de putos delincuentes una actitud innegable de entrega de las armas, además del cese de cualquier actividad delictiva y el necesario aquelarre en un acto multitudinario de todos los batasunos-etarras, con Ternera presidiéndolos en el papel del mismo diablo, en el que postrados de hinojos pidieran perdón a las víctimas y se condenara con firmeza la violencia. Pero nada hay en ese mundo de malnacidos abertxales, y tú lo sabes muy bien, que mueva a pensar en un mínimo de arrepentimiento o del cese de sus actividades delictivas. Y a pesar de ello, miserable embaucador, insistes una y otra vez en seguir con tu plan de paz y pasas de tener en cuenta la kale borroka, el robo de armas, la extorsión que no cesa y las amenazas y agravios que a diario se suceden en Vasconia contra la gente decente.   

Cuando al día siguiente de que dos policías locales estuviesen a punto de ser quemados vivos por las juventudes etarras, ya no hablemos de los muchos estragos y actos violentos que protagonizan cada fin de semana sin que se les reprima adecuadamente, hubo una reunión entre miembros destacados de tu partido en el País Vasco y lo más granado del batasunismo criminal. Cita entre delincuentes podría ser un título apropiado para definirla, y es de esperar que de tal modo la considere el Tribunal Superior de Justicia en el País Vasco, que ha aceptado a trámite y mantiene en curso más de una denuncia sobre ese tipo de reuniones conspirativas y delictuosas. 

¿Cómo no vamos a creer en una maldita rendición? Pues claro que lo creemos, porque nada hace pensar que lo tuyo sea algo distinto y porque los criminales se encargan a diario de ratificarlo. Sólo gente como tú, o gente de la misma catadura moral que te respalda, sigue interesada en seguir con un plan que en nada beneficia al conjunto de los españoles. Sólo los que decidieron apostatar de su españolidad, gente casi toda ella sujeta al nacionalismo doctrinario, cree que una rendición semejante pueda ser buena para algo. En suma, no hay más que fijarse en los intereses partidistas de quienes respaldan el mal llamado plan de paz para comprender que nos las habemos ante un proyecto siniestro protagonizado por insidiosos. Por todo esto que te cuento, Rodríguez, voy a ser rotundo contigo: ¡Rendición, en mi nombre ni lo sueñes! Mi apoyo más sincero a la manifestación que dentro de unas horas deberá celebrarse en Madrid. Siento no poder estar con vosotros, amigos. 

Autor: Policronio
Publicado el 25 de noviembre de 2006

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