lunes, 24 de septiembre de 2018

Los destos... de corbata


El momento más delicado por el que atraviesa un jugador de póker, o de mus, es cuando yendo de farol le ven sus últimos mil dólares. Ahí es donde se ve la categoría del afectado: cara de idem, pulso firme y regular, disimulado desprecio a las esquinas de las cartas del contrario y ni una gota de sudor, frío o caliente. 

Si el PP tuviese lo que hay que tener


Hay quien dice que el valor consiste en saber mostrarse combativo sin llegar a la temeridad. Cuando los políticos carecen de valor, no solamente para defender sus posiciones, muy especialmente si en ellas no se oculta nada, sino para contener las actuaciones viles del contrario, entonces estamos hablando de individuos pusilánimes que no merecen el puesto que ocupan. Tal es el caso del PP.

Por el contrario, cuando los políticos se desviven por atacar a sus rivales —a los que consideran siempre como enemigos aborrecibles— y usan para ello toda clase de bajezas con el objetivo de no abandonar el poder —un poder que no merecen a consecuencia de su ineptitud más que demostrada—, entonces no puede hablarse de gente de valor por mucha acometividad que usen, sino de asaltantes a cualquier precio de la legalidad o, si se quiere, de facinerosos. Tal es el caso del PSOE. Lo estamos viendo cada día desde que Zapatero llegó en tren a la Moncloa y por lo tanto no es preciso entrar en detalles.

Obispo Uriarte, ¿cobardía o fanatismo?


Por qué será que no me extraña nada que el obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, haya emitido un comunicado en el que considera las detenciones de proetarras y la ilegalización de las listas ’abertzales’ como “un mal para la comunidad política”. ¿No debería este individuo, a lo que parece más mundano que religioso, guardar un respetuoso silencio ante las decisiones judiciales que le incomodan? ¿No sería más apropiado que hablase de la comunidad cristiana, en lugar de hacerlo de la comunidad política y, de paso, respaldar con sus declaraciones a los delincuentes? Porque nadie le ha obligado a pronunciarse así ni ha sido objeto de eso que se conoce como una entrevista-trampa. En absoluto. El obispo ha difundido su opinión, su lamentable opinión, a través de una notificación diocesana que, no me sorprendería nada, quizá sea leída o exhibida en todas las parroquias. Lo que a buen entendedor supone pedir el voto para los nacionalistas del PNV o EA, formaciones más próximas a las ilegales.

domingo, 23 de septiembre de 2018

Bermejo, otro mascarón de proa de la era Zapatiense


Basta con que a los españoles medianamente informados —o no asilvestrados— nos parezca despreciable la figura de Bermejo, motivos hay más que sobrados, como para que Zapatero se empecine en mantenerlo en el cargo y darle vidilla. ¿Razón? Le es útil que escandalice a la opinión pública con asuntos relativamente menores, que es exactamente igual a lo que hace la ministra Maleni con sus pifias mayores. Son dos auténticos mascarones de proa,  de los más llamativos a causa de sus múltiples barrabasadas y por lo tanto muy visibles en el horizonte.

Cargo de conciencia


Emito un ruego a la audiencia (¡Caramba, observo con inquietud que me asemejo a "Gran Hermano"!). ¿Algún caritativo lector podría responder a dos preguntas que formula mi alma angustiada? La primera, más pragmática y egoísta. ¿Cree alguien en las medidas económicas del Gobierno para reactivar nuestra maltrecha economía? Centrémonos en la primera iniciativa que ha tomado, la devolución de 400 euros a los contribuyentes. Cuando la noticia vio la luz, mi mujer y yo, ambos profesionales liberales con un nivel de ingresos muy elevado (claro que no tanto como el que tienen la legión de políticos que "ponen el cazo"), nos quedamos estupefactos.

Nuestros médicos, el último baluarte en la lucha por la Vida

No tengo por menos que reproducir a continuación la carta que nos ha enviado Don Enrique Jaureguizar Cervera, médico. Ni más, ni menos.
Carlos J. Muñoz.

“Soy médico y me niego a colaborar con ésta absurda cultura de la muerte que se está instaurando hoy en día. Mahatma Gandhi dijo: "Me parece tan claro como el día, que el aborto es un asesinato". ¿Cómo es posible que un ser humano tan indefenso como un niño sea tan brutalmente asesinado? 

Un bebé, cada 4,68 minutos en España, es destrozado en trituradoras y tirado por los retretes de clínicas "legales", o directamente arrojado al cubo de la basura como si fuesen desechos o como si fuesen excrementos. "Lo más grave que ha sucedido en el siglo XX es la aceptación social del aborto provocado" Julián Marías. Sólo he conocido cómo el egoísmo humano puede llegar a ser una perversión tan repugnante, y fue cuando estuve en Camboya ayudando como médico. Me enteré que los traficantes utilizan a mujeres para transportar niños llenos de droga para que no sospechasen en la aduana. Pero lo peor es que a los niños les cogen vivos, les vacían literalmente por dentro tirando sus vísceras, les llenan de droga, y después les cierran, y antes de que se enfríen sus cuerpos muertos les pasan por la frontera. ¿Cómo el ser humano puede llegar a ser tan inhumano?.

Se está creando una nueva ley del aborto, como si la que ya existe no hiciese ya suficiente daño: 112.138 vidas por abortos declarados, sólo en 2007. Son vidas perdidas que jamás recuperaremos y que mejorarían la pirámide invertida que tiene España. Se ha impuesto una ley sin contar con la sociedad, sin dialogar, sin llegar a un consenso. La subcomisión del aborto ha sido una burda farsa, ya que sólo se ha tenido en cuenta a aquellos que piensan y tienen intereses económicos comunes con el gobierno de Zapatero, y no se escucha a los médicos, ni a las madres: los que más tienen que decir sobre el aborto ya que son los afectados. "Hoy en día este tema es nuestra vergüenza social", dice Juan Manuel de Prada. 

Soy director de Médicos por la Vida y yo, así como la gran mayoría de médicos de España, nos opondremos a esta ley, no por capricho sino porque este gobierno no demuestra que sea democrático, sino más bien dictatorial. Porque los que al final tendrán que hacer todos esos miles de abortos tendremos que ser los médicos, y seguro que la Sra Aído no va a hacerlos. 

Ahí es donde comienza un nuevo problema, porque el gobierno impone un "derecho" inconstitucional ya que al crearlo aplasta el primer derecho y más fundamental de todo ser humano: el derecho a la vida (Art 15 Constitución). Sitúan al médico en una delicada situación. ¿Debo ser legal con este derecho, o con el otro?, ¿sigo el código deontológico, o creo términos y me invento otro para ocultar lo que hago? 

Un médico no puede realizar un aborto, primero porque hicimos un juramento al licenciarnos y segundo porque no es un acto médico ya que no cura ninguna enfermedad. Un médico debe luchar por la vida de sus dos pacientes, la madre y el hijo. Las consultas de psiquiatría están llenas de mujeres que han abortado y no pueden superar su culpa. 

Todos sabemos que el aborto no es la mejor salida para el problema, que no soluciona nada. En el fondo todos sabemos lo que realmente late dentro de ese vientre: un ser humano. Si los políticos proponen leyes para eliminar niños no deseados, los legisladores aprueban leyes inconstitucionales, y los médicos matan a sus pacientes... ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar? 

Decía Martin Luther King que "Nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos, como del estremecedor silencio de los bondadosos". Animo a todos aquellos que piensen que hay salidas mejores al aborto como ayudar a la madre a tener a su hijo y darlo en adopción en último caso, formar mejor a los jóvenes, y ayudar más y mejor a la mujer embarazada, sean valientes y hagan oír su voz, por aquellos que no la tienen”.

Un Saludo,

Enrique Jaureguizar Cervera (Firmas invitadas)
Publicado el 17 de febrero de 2009

Bermejo y el pelo de la dehesa

Lo peor de la dictadura de Franco no es que durara cuarenta años, que ya son años. Lo peor es que los segundones de la dictadura, es decir, los hijos amargados de sus prebostes, los Zapatero, Polanco, De la Vega, Rubalcaba, Bermejo, Barreda, etc.,  pretenden alargarla otros cuarenta años más, después de muerto aquel. Y encima,  cargarnos el muerto, que es el suyo.

Porque en la ominosa década de los treinta en España no se desató una guerra entre la democracia, supuestamente defendida por el Frente Popular, y la dictadura militarista, encarnada en el General Franco. Está más que acreditado que la lucha, todavía inacabada para algunos nostálgicos, se libró entre los satélites ibéricos del totalitarismo soviético y el ejército sublevado, apoyado por los sectores más proclives al fascismo rampante en ciertos países europeos y cierta derecha acojonada por el devenir de los acontecimientos. No creo que haga falta decir, que los pocos demócratas o liberales que pululaban por la Nación, bien pronto se desentendieron de la lucha y optaron por largarse. O aguantaron el chaparrón como pudieron, dentro, a la espera de tiempos mejores.