miércoles, 25 de abril de 2018

El títere se corta el cordel

María de las Mercedes Milá Mencos.

Antes que nada, y a modo de breve introducción, debo confesar que entre mis múltiples defectos está el de ser un chafardero irredento. Quizá por ello, soy un intermitente pero habitual consumidor de reálitis televisivos, cosa que llevo con la máxima dignidad que puede llevarse (que no es mucha), sufriéndolo en silencio pero sin Hemoal, y de paso me ahorro el ver programas más desagradables, como 59 segundos, etc. Y lo que vi ayer en Gran Hermano, perdonen que comparta esta bis marujil con ustedes que participan en un foro dedicado a más altos temas, debo decir que me resultó delicioso.


Poniéndoles brevemente en antecedentes, les comento que en esta última edición, el devenir de las cobayas humanas encerradas en la jaula mediática, cosas del azar, ha dado en reunir a un grupito de personajes especialmente insociables, que han hecho piña y se han dedicado a maquinar para hacerles la vida imposible a sus inevitables vecinos de recinto, con el fin de desenmascarar sus posibles defectos y, de paso, chotearse de ellos hasta límites a menudo desagradables.

El líder de la banda es un joven madrileño, alto, desgarbado, delgado, sumamente sarcástico, de humor corrosivo y opiniones políticamente incorrectas en grado superlativo. Considerándose a sí mismo "empresario madrileño", "cabroncete mayor del reino", "no racista, pero sí clasista". Es uno de estos personajes que a Mercedes Milá le ponen los pelos como escarpias de programa de bricolaje, cuya cabellera se atusa al modo de las doncellas salidas del pajar. 

El singular sentido del humor del joven conectó con el público y por más que sus oponentes de habitáculo lo "nominaran", la audiencia se empeñó en salvarlo. Hasta 6 de ellos desfilaron por delante de él. Y esto sucedió, hasta que la "organización" del programa, alterando la reglamentación y vulnerando la igualdad de los concursantes, logró que fueran nominados solamente integrantes del grupito sedicioso. En pugna contra sus compañeros, salía eliminado de la "casa donde todo se magnifica" y como consecuencia, tenía que pasar por el compromiso (contractual) de la entrevista-despedida de la Milá.

Y aquí es donde empezó lo bueno. Contemplar a doña MariMerche (por lo que se ve, es así como quiere ser llamada) perdiendo el oremus entre chillidos, levantándose y sentándose de la silla, insultando nerviosamente al entrevistado (llegó a decirle "hijoputa", para, en el acto, disculparse con su madre), iniciando por dos veces un improvisado -digo yo- vals ridículo, a lo monjita de sonrisas y lágrimas, no seguido por el joven concursante..., fueron detalles que se manifestaron "bocato di cardinale" televisivo a mis incrédulos ojos.

"Cuando llegues a las 3.000 entrevistas que llevo yo", "me cansas", o, "esto es una entrevista y solamente se te oye a ti" fueron algunas lindezas que salieron de la boca de la veterana televisiva de Esplugas. Lamentable. El entrevistado se comió a la entrevistadora, "si no me dejas responder, esto va a ser muy corto",  "contesto lo que tú quieras", "si no te gusta tienes dos soluciones". Mercedes, entre nerviosos aspavientos, llegó a confesar que tenía 57 años, no especificando si de profesión o de edad, me inclino más por lo primero a juzgar por las arrugas que surcan su agrietado cutis.

El títere se cortó el cordel. El joven madrileño no estaba dispuesto a arrugarse ni a comulgar con la presentadora maleducada, ni con el programa manipulador. "Chapeau" por él. 

Recordé a la Milá comiéndose las uvas en un pesquero en Muxía. Ni siquiera el enero atlántico debió ser tan frío como la entrevista de ayer. MariMerche ya no se faja duramente con Umbral por su libro, ya no combate contra Cela y la palangana, no. Merceditas, en la actualidad, no puede ni con un chico anónimo de 29 años de Madrid. Qué disfrute. Qué goce. La experiencia de 3.000 entrevistas ya no le vale a la jurásica de Telecinco. 

Espero que acaben así todos los engreídos progresitos de este país, que se creen invencibles y garantes del "talante", y son ruines y maleducados, y pierden los nervios como todos los mortales. 

Lo que le va pasando a la carrera de la Milá, y la de algunos otros, como el otrora astro y ahora meteorito, Iñaki Gabilondo, en el destierro de Cuatro (gatos), espero que sirva de advertencia a los demás dioses del olimpo izquierdista y enmienden sus trayectorias mirando hacia abajo, a los mortales.

Autor: Pedro Villa Isorna
Publicado el 17 de noviembre de 2006

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Comentarios moderados.