miércoles, 17 de octubre de 2018

Cádiz


No cabe duda de que vivimos tiempos oscuros. Oscuridad que no la provoca la invasión de un poderoso y formidable ejército extranjero, a las órdenes de un emperador presuntuoso, nacido de la guillotina y perfecto hijo de la ilustración.



Lo terrible del caso es que ahora la oscuridad es hija de la cobardía de una nación, que bajó la cabeza ante el sonido de las explosiones terroristas del once de marzo de dos mil cuatro, y que no tuvo mejor ocurrencia que homenajear a los ciento noventa muertos y mil quinientos heridos, colocando al frente de sus destinos a un personaje inane.

El mismo, que no ha dudado en socavar nuestra dignidad, entregándose a una permanente borrachera y compadreo con quienes, por un lado, pretenden ignorar cientos de años de historia común, y por otro, con adoradores de esa ideología feroz, que ha causado más de cien millones de muertos, cuando no por hambre, a tiro limpio.

Ciertamente, pretender que hoy es un día de fiesta sólo cabe en el terreno de la nostalgia, o peor, de la melancolía, por lo que se nos fue, por lo que se nos ha escapado de las manos. España ya no existe, los españoles no existimos como miembros de una nación, como mucho, esa expresión no pasa de ser una mera referencia geográfica.

Por ello, gritar viva España ya  no es ni puede ser una manifestación de alegría compartida, sólo puede ser un grito de guerra. Y sí la perdemos, al menos nos quedará Cádiz.

¡¡VIVA ESPAÑA!!

Autor: Carlos J. Muñoz
Publicado el 12 de octubre de 2009

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