jueves, 30 de agosto de 2018

Soluciones socialistas para la crisis (II)

La presente imagen podría ser alegórica tanto del amanecer como del crepúsculo vespertino, es decir, el comienzo y el fin de la vida del ser humano. O dicho en los términos más usuales: nacer y morir.

En la primera parte del artículo, que inserté ayer, no pude evitar el lenguaje burlón para describir las soluciones socialistas de “Eficacia inmediata” contra este paro imparable que se nos echa encima. No otra cosa distinta a la guasa merecen sus pícaros promotores, porque ya se me dirá, por ejemplo, si no es para hartarse de reír que todo un ministro de Trabajo pretenda solucionar el desempleo a base de descontar “emigrantes volando”, es decir, incluye poco menos que “colocaos” a los que no piensa dejar pasar —es otro decir— a este lado de la frontera. Es más, la solución del ministro de Trabajo supone atribuirle a Interior una eficacia para controlar la emigración que jamás ha demostrado. Y menos ahora, que incluso los sindicatos policiales denuncian la absoluta carencia de medios adecuados, comenzando por la falta de pistolas y munición para ejercitarse. 

Hoy debo tomarme estas líneas algo más en serio, espero que en sus justos términos, puesto que atañen a una cuestión tan sagrada para algunos de nosotros como es la vida humana: la que comienza y la que concluye, que son dos de los momentos trascendentales en las criaturas, a las que la mano más infame del socialismo, el zapaterino, pretende concederles su solución más característica, la cual no es otra que adjudicarle valor cero a lo que a ellos no les reporta utilidad alguna o contraviene los deseos de alguno de los grupos de presión en los que apoya su permanencia en el poder. Lo que me lleva a formular una pregunta retórica: ¿Cómo deberían ser clasificadas, desde el punto de vista moral, las ideologías utilitaristas? Una de las posibles respuestas la dio el clásico: “Todo hombre es útil a la humanidad por el simple hecho de existir”


Medidas de utilidad diferida

Pues bien, dentro de las soluciones socialistas que en la introducción del capítulo anterior catalogué como de “Medidas de utilidad diferida”, nos hallamos ante dos de ellas que probablemente se consideren destinadas a aliviar la crisis y el déficit público: El aborto y la eutanasia. Y eso parece ser así para ellos, desde un punto de vista práctico, al margen de que además concurran otras circunstancias que igualmente les reporte utilidad, como es el hecho de satisfacer a sus clientes pro-abortistas y anticatólicos, pues saben de sobras que de tal modo refuerzan a los “fieles” propios y desequilibran a los ajenos. O eso pretende ingenuamente el socialismo, olvidándose por completo de que los valores del cristianismo poseen dos milenios de solvencia ética y se adaptan como ningún otro pensamiento, sin renuncia alguna a la ley natural, a la época que en cada momento les corresponde vivir. 

En tal sentido, la ministra de Igualdad —hay quien con mucho acierto ha rebautizado el ministerio con el nombre de “Igual da”— anuncia una nueva ley del aborto para el primer semestre de 2009. ¿Cuál será el espíritu de la nueva ley? A juzgar por los datos que la propia ministra ha facilitado, será el “todo vale”, que es como yo interpreto esta frase que nos ofreció esa señora: “la ley garantizará la seguridad jurídica de las mujeres que quieran interrumpir su embarazo y de los médicos que realicen esta práctica”. Es decir, si se cumpliera la ley actual sería imposible justificar los más de 100.000 abortos anuales que se provocan en España. Todos los que intervienen en esa práctica criminal, tan desmesurada, sencillamente están al margen de la ley. Solución Aído: legalicemos el crimen cambiando la norma.

En cuanto a la eutanasia, digamos que los abanderados a día de hoy son los del gobierno socialista andaluz, quizá para contrarrestar el descarado incumplimiento en su región, por excesivamente oneroso, de la Ley de Dependencia, lo que ha originado incluso la denuncia del Defensor del Pueblo andaluz e Izquierda Unida. Se deduce, pues, que los socialistas andaluces, mientras van asignándoles sustanciales gratificaciones a los sindicatos y subidas desorbitadas de sueldo a sus propios asesores, no les hacen ascos a recortar determinadas partidas del gasto público. Y una eutanasia bien entendida aliviará varias de esas partidas: pensiones, sanidad, dependencia… Con todo, lo más grave de la ley de eutanasia que nos anuncian es la determinación de que ni tan siquiera los propios familiares puedan pronunciarse: Será un apaño entre el médico y el enfermo, no importa si éste no posee la facultad de decidir sobre su propia vida. 

Siguiente capítulo: Medidas de enmascaramiento.

Autor: Policronio
Publicado el 5 de septiembre de 2008

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