miércoles, 27 de junio de 2018

‘La dialéctica de los puños y las pistolas’ (I)

 José Antonio Primo de Rivera, en el 2º Congreso de la Falange, en Madrid, el 8 de junio de 1935.

La existencia de José Antonio Primero de Rivera fue corta: a los 33 años de edad la truncaron aquellos que, en forma consciente o inconsciente, odiaban a Dios y a España. A pesar de ello, su aportación a la política, tanto en forma de discursos como en escritos, no es despreciable y sí lo suficientemente extensa como para que deje estupefacto y que parezca que la única frase que pronunció en su vida es la que da título a esta nueva aportación a la “Memoria Histórica”: La dialéctica de los puños y las pistolas (1). En numerosos escritos, venga a cuento o no, la frase aparece en forma que muestra la nula información que muchas personas tienen respecto a nuestra preguerra y guerra. ¡Y con que seguridad hablan, o escriben, de lo que, en el mejor de los casos, conocen por referencias tendenciosas! Lo exponen en forma tal que, tácita o expresamente, que dan a entender que José Antonio era persona sanguinaria, que trasmitió a los falangistas su vesania.


Lo que, al respecto, inculcó José Antonio, está reflejado en la Oración a un Caído, que el señor “Derechón” reprodujo en un comentario a la IV entrega de “La primera represalia de Falange”. Me permito felicitar al Señor “Derechón”. ¡Bravo! Ha sido V. oportuno. Sería conveniente que volviera a insertar la Oración en estas líneas. Le expreso mi afecto y admiración. Estoy seguro de que V. guarda tantos recuerdos como yo de aquella sangrienta Segunda República. Anímese y colabore para que los conozcamos. Por mi parte, después de setenta años de no ocuparme para nada de política, escribí mis recuerdos sobre el día del entierro del alférez de la GC don Anastasio de los Reyes, para intentar exponer lo que vi. Pero pensaba que iba a ser un artículo único. Los siguientes, como granos de cerezas, vinieron solos, animado por el comentario que a mi escrito hizo uno de los editores de Batiburrillo. Pero, en principio, contaba con  “un solo hijo”.

A continuación, intentaré aclarar conceptos. Por desgracia, no confío en que mis aclaraciones lleguen al contumaz, puesto que quien se halla cegado por la ignorancia o por el odio trasmitido, no es receptivo a la verdad.

Los mensajes de Falange eran de amor y esperanza. Esa era la doctrina fijada por José Antonio. Una síntesis de ella se refleja en la citada oración y en su himno. ¿Dónde, en el “Cara al Sol” o en las canciones falangistas, se siembra animadversión? En los partidos rojos, el lema común es el odio: No le des paz ni cuartel; La revancha, de los que ansían pan. Pedían pan, pero la muerte para el enemigo. En Falange se cantaba: No más hombres, sin pan que comer/el trabajo, será para todos, un derecho mas bien que un deber. Pan, pero pan para todos.

(1) Esta frase forma parte del discurso pronunciado por José Antonio Primo de Rivera el 29 de octubre de 1933, en el teatro de la Comedia de Madrid, durante el acto fundacional de Falange Española. Está incluida en el párrafo que reproducimos a continuación, ante el caso, poco probable, que exista alguna persona que no la haya oído repetir hasta la saciedad a los rojos y a los cándidos. Es el siguiente (el subrayado es mío):

"Si nuestros objetivos han de lograrse, en algún caso, por la violencia, no nos detengamos ante la violencia. Porque ¿quién ha dicho —al hablar de ‘todo menos la violencia’— que le suprema jerarquía de los valores morales reside en la amabilidad? ¿Quien ha dicho que cuando insultan nuestros sentimientos, antes que reaccionar como hombres, estamos obligados a ser amables? Bien está, sí, la dialéctica como primer instrumento de comunicación. Pero no hay más dialéctica admisible que la dialéctica de los puños y las pistolas, cuando se ofende a la Justicia o a la Patria".

Autor: Rogelio Latorre Silva
Publicado el 12 de julio de 2007

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Comentarios moderados.