lunes, 8 de enero de 2018

La pirámide del conocimiento


Se dice que una imagen vale más que mil palabras. No me resisto pues a insertar esta figura que representa la jerarquía o pirámide del conocimiento. Sirva para una reflexión conjunta y a la vez íntimamente personal, que nos ayude a comprobar nuestros diferentes estados y niveles “analíticos”, desde los que habitualmente pontificamos acerca de todo y del todo.


En la arista exterior se muestra una secuencia de cinco verbos (acciones) necesarios para alcanzar la sabiduría. En el nivel más bajo se encuentra el estrato de los antecedentes de los hechos (datos). Podemos entenderlos como indicios. Así, al observar los indicios, constatamos que estos se convierten en hechos relevantes. Al adquirir o recolectar la evidencia de los hechos conformamos una colección de datos (información). Comparando o confrontando estos entre sí, provocamos la obtención de información fidedigna. La información puede ser asimilada entonces para convertirse en (conocimientos). Pero los conocimientos, por si mismos, no sirven para nada si no captamos su esencia. Únicamente al comprender (aplicar) los conocimientos los convertimos en (sabiduría) pues podemos comprobar su efecto por nosotros mismos.

Cada uno de los niveles mostrados también representa nuestra opinión “instantánea” o (toma de decisiones) en un momento dado en función de donde “aterrizemos” en la pirámide al considerar un asunto determinado. Así pues, nuestro nivel de comprensión de los eventos tiene mucho que ver con nuestro estado de consciencia general. Si por ejemplo, tenemos conocimiento del hecho del hombre muerto en Roquetas o de los asesinados del 11-M  inmediatamente querremos saber, es decir ascender hasta la cúspide de la pirámide. Pocos sin embargo, se darán cuenta de la necesidad de descender primero hasta la observación objetiva de los antecedentes de los hechos para poder realizar una secuencia de escalada correcta. Descender es, en todo caso, investigar. Si no lo hacemos, prejuzgamos. Si no investigamos, aunque parezca que cada vez lo tenemos más claro, fallaremos por la base.

Hay un séptimo escalón que no se muestra en la figura, simplemente porque no está a nuestro alcance. Sólo es patrimonio de gurús incontestables: la iluminación o ciencia infusa. Desafortunadamente, y debido a la proliferación actual de “iluminados”, cunde hoy la asunción de subirse al carro de alguno de ellos y dar por buena su sabiduría. Su catequesis suele impedir nuestro propio discernimiento. Deberíamos tomar sus diatribas como un dato más a comparar, ya que no es lo mismo echar un polvo a que nos lo cuenten.

Autor: Perry
Publicado el 9 de agosto de 2005

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