domingo, 24 de diciembre de 2017

La república neofeudal


Pocos amantes de la libertad dudarán de la falta de democracia en el País Vasco. El hecho de votar periódicamente no otorga el rango de demócrata al gobierno de un territorio, sino cómo se vota y cuáles son las posibilidades que tienen los distintos candidatos para hacer llegar sus propuestas al pueblo. Hace unos días hemos visto a María San Gil votando escoltada por un grupo de etarrófilos que mostraban pancartas amenazantes para la candidata de los populares. Hemos presenciado, igualmente, la vestimenta con anuncios propagandísticos que lucían a pie de urna, en la labor de interventores, los comisarios políticos de la banda terrorista ETA. ¿Es eso democracia? ¿Es demócrata un gobierno autonómico que tolera esas cosas aun disponiendo de policía propia? ¿Es demócrata el gobierno socialista que da por buenas una elecciones en ausencia no de violencia sino de orden constitucional?


Pocos amantes de la libertad dudarán de la falta de democracia en Cataluña. No puede ser catalogado de demócrata un territorio donde hace más de veinte años que no existe una prensa (o televisión, o radio) cuyos contenidos se elaboren en esa comunidad y sean críticos con el poder despótico que allí se ejerce. Igual que en el País Vasco, si exceptuamos el fenómeno del terrorismo, nada mueve a pensar que los catalanes posean una clase política mínimamente demócrata. Las encuestas elaboradas por la Generalitat nos indican que sólo un 15% de la población se siente únicamente catalana, pero esa misma clase política, a la hora de redactar el nuevo estatuto, se empeña en definir Cataluña como una nación, que es el umbral donde se inicia cualquier separatismo descarado y contrario al deseo de la mayoría de los ciudadanos. La falta de libertad absoluta a la hora de escoger enseñanza en español, idioma oficial y común a todos, y las muchas pegas y amenazas, incluso con sanciones, para quien desea vivir en el idioma todavía mayoritario en esa comunidad, definen perfectamente que estamos hablando de un régimen político arbitrario que en ningún caso puede ser tildado de demócrata.

Pues bien, ahora Cataluña, con Maragall y su PSC rabiosamente nacionalista, y pronto el País Vasco, con un López y un PSE arrimados explicablemente al nacionalismo disgregador del PNV-EA (forme gobierno o no con Ibarretxe), son los antidemocráticos modelos que el actual gobierno de Zapatero tratará de ir imponiendo en aquellas regiones que, como Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha o Asturias, no pueda controlar de un modo directo. El siguiente paso podría ser Galicia y una nueva coalición entre socialistas y nacionalistas del BNG, más el concurso de esos comunistas residuales y nostálgicos que siempre hay. Se trata de emular donde convenga el “todos contra el PP” y se trata, a fin de cuentas, de convertir España en una democracia mucho más formal que esencial, mucho más teórica que práctica, mucho más aborregada que libre. Los nacionalistas, bien pagados y alimentados en sus respectivos territorios por el poder de la izquierda gobernante, constituyen sus batallones de reserva a la hora de esa batalla final que deberá librarse contra la libertad, las tradiciones y el orden.

El régimen de ZP, puesto que de régimen es preciso comenzar a calificarlo, jamás intentará desalojar a los nacionalismos de allá donde gobiernen, sin duda es ese su pacto con ellos por más que se nos diga en contra. Tratará de mantenerlos maniatados, de ahí la no ilegalización del PCTV, pero inculcándoles el espíritu de “tu territorio es tuyo y el Estado es mío”. Asistimos, pues, a la implantación de un nuevo feudalismo en pleno siglo XXI. Los condes Ibarretxe y Maragall, más los que puedan llegar de esa guisa, serán amos absolutos de sus feudos, como ya lo son el andaluz Chaves y el extremeño Ibarra, y dispondrán de poderes para hacer, deshacer y ejercer al gusto el derecho de pernada. A cambio, Zapatero pedirá para sí el papel de valido del Reino (¿?), al menos por el momento, con derecho a ser aclamado multitudinariamente, como sucedió este pasado fin de semana en Valencia, donde los socialistas llevaron gente de media España para que no dejasen de abarrotar con entusiasmo el aforo y para que silenciasen cualquier voz dispuesta a pedir agua.

Y todo ello como primera etapa en “olor” de multitudes (porque lo suyo realmente hiede), quién sabe si más tarde el ahora temporalmente valido del régimen no acabará convertido en el primer presidente vitalicio de la III República. Una república no de corte federal sino más bien neofeudal; eso sí, bananera al más puritito estilo venezolano, su modelo internacional junto al castrista. Naturalmente, se seguirá votando cada cuatro años para que nuestros socios europeos, de la mano de los corrompidos Chiracs de turno, no nos apedreen demasiado fuerte por falta de democracia. Pero esos futuros votos, como sucede ahora con los de Vasconia y Cataluña, serán papel mojado si su valor contase para adquirir la condición de "emitidos en libertad". Unos votos, como no deja de pasar en Cataluña y Vasconia, que acabarán teniendo meramente el valor plebiscitario de las dictaduras. De hecho, el nacionalismo catalán se acerca ya al 90% y el vasco lleva el mismo camino.

Con toda la que está cayendo y la que se intuye, sin que el poder moderador de la Corona se pronuncie al respecto, no me extraña nada que la imagen del Rey, en uniforme militar de gala, haya quedado para hacer el papel de "Magneto en los dibujos de Marvel.

Autor: Policronio
Publicado el 25 de abril de 2005

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